Se denomina Protestantismo al conjunto de iglesias cristianas y doctrinas que se identifican con las teologías desarrolladas en el siglo XVI en Europa Occidental, a propósito del intento de Reforma de la Iglesia Católica, por parte de un importante grupo de teólogos y clérigos, el más reconocido de ellos fue el monje católico agustino Martín Lutero, de quien las iglesias luteranas toman su nombre. No obstante, la mayor parte de los cristianos europeos (especialmente en Europa meridional) no compartieron los intentos de reforma y se produjo una separación entre las emergentes iglesias reformadas (la mayoría de carácter nacional) y una reformulada Iglesia Católica Romana, que reafirmó explícitamente todas aquellas doctrinas rechazadas por el protestantismo (Concilio de Trento).
Los reformadores no se consideraban rebeldes ni herejes, sino fieles cristianos que aspiraban a regresar a las doctrinas apostólicas y a renovar la iglesia cristiana en la práctica y doctrina. Por tanto, hicieron esfuerzos ecuménicos y unitivos desde el principio, antes de que las fronteras doctrinales estuviesen endurecidas.
Los principales reformadores eran personas de vasta cultura, tanto teológica como humanista: Juan Calvino estudió en la Sorbona y su padre trabajaba con un obispo, Lutero era monje y profesor universitario de Biblia; Zuinglio era sacerdote y humanista. De acuerdo al programa de los humanistas, buscaron en las fuentes de la antigüedad cristiana las bases para una renovación. Releyeron las Sagradas Escrituras; al releer a los Padres de la Iglesia, (especialmente a San Agustín), descubrieron una visión de la fe y una doctrina más bíblica y cristocéntrica.
Los principales reformadores eran personas de vasta cultura, tanto teológica como humanista: Juan Calvino estudió en la Sorbona y su padre trabajaba con un obispo, Lutero era monje y profesor universitario de Biblia; Zuinglio era sacerdote y humanista. De acuerdo al programa de los humanistas, buscaron en las fuentes de la antigüedad cristiana las bases para una renovación. Releyeron las Sagradas Escrituras; al releer a los Padres de la Iglesia, (especialmente a San Agustín), descubrieron una visión de la fe y una doctrina más bíblica y cristocéntrica.